El futuro de los escribas médicos

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No es secreto para nadie remotamente relacionado con la profesión médica, que el tiempo que los facultativos tienen que invertir registrando información clínica en los Historiales Clínicos Electrónicos (HCE, o EMR por sus siglas en inglés) es sumamente elevado. 

Según un estudio del Annals of Internal Medicine, un facultativo dedica en promedio 16 minutos con 14 segundos usando el sistema de HCE por cada paciente. Eso representa 1 minuto 14 segundos más que el slot apartado a cada usuario en la mayoría de los centros médicos.

Todo esto se traduce en el bien conocido physician burnout o desgaste del médico. Según una encuesta de la British Medical Association del 2019, el 80% de los profesionales médicos consultados mostraron un riesgo alto o muy alto de burnout.

Desde la perspectiva del paciente, la situación se suele traducir en un brevísimo contacto personal con el doctor. La visita, según la sobrecarga del sistema de salud puede ser de por sí, bastante breve. Si el profesional médico se ve obligado a pasar gran parte de la misma frente a su ordenador con la mirada en la pantalla, el contacto visual se vuelve escaso y no es de extrañar que el paciente no se sienta correctamente atendido y su nivel de satisfacción sea bajo.

Photo by JESHOOTS.COM on Unsplash

Entra en escena el escriba

En la última década, y para alivianar la excesiva demanda impuesta en el profesional médico para cumplir con los requerimientos de la digitalización y control de la data médica, ha aparecido en muchos centros médicos a lo largo del mundo la figura del escriba

El escriba, también llamado asistente de documentación, es el responsable de acceder al sistema de Historial Clínico Electrónico, transcribiendo y recuperando datos a medida que el profesional médico así lo requiera, permitiéndole a este enfocarse en el paciente durante toda la consulta. En los Estados Unidos solamente, se contaban unos 20.000 escribas para el 2016, con proyecciones para el 2020 de cerca de 100.000 personas desempeñando este rol. Incluso existe una colegiatura para este tipo de profesionales en los Estados Unidos, y en muchos países se están sentando las bases para crearla.

El escriba puede ser un estudiante de ciencias de la salud, dispuesto a colaborar con profesionales de más experiencia, a la vez que recibe mentoría de su práctica diaria. También existen formaciones específicas que permiten a cualquier persona dotarse del conocimiento necesario para desempeñar este rol de manera eficiente.

Puede parecer intuitivo que el liberar al médico de su interacción con los sistemas de registro electrónico es una buena idea, pero hay ya varios estudios que demuestran que el uso de escribas afecta positivamente, tanto el burnout profesional, como la satisfacción del paciente. Permitiendo además, incrementar el número de casos por día.

¿El problema? No todos los profesionales o centros médicos pueden costearlo: Un escriba médico puede representar un costo de $31,000 a $55,000 al año.

Muchas empresas están apuntando a bajar los precios y facilitar la implantación de un sistema de escribas, ofreciendo su servicio a distancia, al que han denominado Escribas Virtuales. Haciendo uso de la teleconferencia para registrar los datos dictados por el facultativo, los escribas pueden estar en países que permitan ofrecer una tarifa inferior gracias a la tecnología.

Algunos problemas que plantean los escribas “virtuales”:

  • Los escribas necesitan acceso a los HCE del doctor, lo que plantea dudas sobre su seguridad y privacidad.
  • La curva de aprendizaje para adaptarse a la práctica del facultativo y al uso de su sistema HCE es alta.
  • La disponibilidad del escriba es clave. Necesita adaptarse a la práctica 100%.
  • Aunque los costos son inferiores al de un escriba presencial, aún estamos hablando de unos $1200 al mes, o $14,400 al año.
  • La “virtualidad” simplemente introduce el trabajo remoto por parte de los escribas, por lo que el término no parece apropiado para este sistema.

 

El futuro: un escriba realmente virtual. Para todos.

Photo by National Cancer Institute on Unsplash

Quienes desarrollamos Beeseet creemos que es posible tener en cada práctica médica un escriba realmente virtual. Un escriba en el teléfono de cada facultativo, que le permita aligerar el proceso de entrada de datos y recuperación del contexto de sus pacientes de manera sencilla y rápida, teniendo en cuenta los protocolos de seguridad requeridos y sin invadir la data personal que reside en el teléfono móvil.

Una de las grandes limitantes de las alternativas del mercado para escribas, es que olvidan a aquellos profesionales médicos de países en vías de desarrollo, o que trabajan en operativos de emergencia temporales, que no cuentan con un sistema de historial electrónico. Estos casos residen fuera del espectro de todos los servicios actuales de escribas.

Con los avances actuales en el procesamiento de lenguaje natural, el machine learning y la inteligencia artificial, en Beeseet creemos que la definición correcta de un escriba virtual es la siguiente:

  • No requiere la intervención de escribas de carne y hueso.
  • No requiere de un HCE. Puede almacenar por sí mismo la data médica y compartirla según las necesidades del paciente.
  • Aprende del facultativo. Es capaz de reconocer la data y clasificarla/indexarla de la manera más apropiada.
  • Está disponible 7×24, sin restricciones.
  • Aloja la data en una nube segura, evitando almacenar en la librería del móvil data sensible.
  • Es compatible con GDPR/HIPPA.
  • Genera métricas de la práctica médica, permitiéndole al facultativo realizar una disección de sus casos a lo largo del tiempo.
  • No tiene una tarifa por horas, en efecto, puede usarse de manera gratuita.

 

Estamos convencidos de que podemos ofrecer un verdadero escriba virtual. 

 

Fuentes:

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